Ya no queda bosque. Había árboles
vivos que crecían sin parar. Hoy solo se acumulan unos troncos apilados como
cañones. Deseos amontonados, tumbados boca abajo o mirando al cielo, al sol de
invierno, a la lluvia que inunda el comienzo de la primavera. Desconozco el
tiempo que llevan inmóviles, sin dar voces. Solo susurros. Conozco la soledad
de separarse de las raíces. Madera cortada y seca. Madera talada. Madera
apilada para hacer papel. Papel malgastado una y otra vez. Madera que arde.
Madera que calienta en la chimenea. El alimento del fuego. Madera que aún
conserva su corteza de células muertas, que no desea deshacerse de ella. Hoy sumergimos
nuestros cuerpos en su mar eterna de anillos concéntricos. Nos sumergimos y nos
quedarnos dentro. Nos transformamos en antiguos juguetes atrapados en sus
líneas más oscuras, empapados de su zona más seca, en el mismo centro del color
negro o del gris que da nombre al día. Si queremos divertirnos, habremos de
arrancarnos la corteza y correr el riesgo. Corremos entre árboles caídos, árboles
que han perdido sus hojas, que ya no tienen nombre. Corremos porque sus ramas
ya no nos unen, ya no transportan nuestra sangre como un sistema circulatorio.
Ramas que eran relámpagos que eran serpientes en el cielo. Grietas por todas
partes. Astillas bajo la piel. No podemos colgarnos de sus ramas. No podemos
habitar su espesura ni bebernos sus copas. Caminamos sobre un tablón bajo la
amenaza de una espada pirata. Desde el cielo no se ve ya ningún bosque. Ningún
paracaidista caerá por error, ninguno amortiguará su caída sobre árboles
caídos. Nada hará menos dolorosa su caída. Nada salvará su vida porque la vida
ha desaparecido. Hoy solo virutas que son residuos. La vida hecha trizas que se
confunden con la tierra. Madera que desea morir por completo antes de
desaparecer. Haremos serrín para cubrir el vómito y su olor. Serrín como pan
rallado para ocultarlo todo, aunque siga allí debajo hasta que alguien lo recoja. Necesitarán ayuda y mucha fuerza para transportar cada tronco. No
volverán jamás al lugar donde crecieron. Serán la calidez de un mueble
monstruoso, tan molesto de transportar en mudanzas que nunca acaban. Con suerte
se harán instrumento: la guitarra maravilla. Quizá sean la mesa sobre la que
ahora colorean mis hijos sin importar el color del día, el plato del día, el
consejo del día. Los troncos han perdido su verticalidad. Diferentes tamaños,
distintos tonos de color. Uno pequeño nos sirve para atravesar el río. Uno de
los que permanecen apilados sonríe.
¿Qué río? Aquí solo hay una pequeña corriente de agua de lluvia.
Algunos cruzan al otro lado, otros llegan al mismo lugar por diferentes
caminos. Yo lo intento. Lo intento y tropiezo torpemente, pero llego al otro
lado. Todos nos marcharemos al final de la mano. El cielo como fondo. Una
raya azul que presiona con fuerza y alivia al mismo tiempo. Haremos fuerza para
que nos lleve a todas partes. Nos pondremos en pie. Permaneceremos unidos a la
tierra. Seguiremos creciendo por dentro. Un amor sin lamentos. Un amor que
regala vida cuando así lo siente, un amor que no reclama intereses. Un amor que
cada día deja un regalo en la puerta de casa y no busca agradar con lo que hay
dentro. Un amor sin culpa ni remordimiento. Todos están invitados, todos están
sentados a la gran mesa del banquete. Una mesa como una cama redonda. Quedará
su silueta en el suelo, los restos de que una vez permanecieron allí durante
semanas.
vibran las oraciones pero no abrigan las palabras la luz es frágil y tiembla, sólo la sangre arde violenta desde el cuello hasta el rostro derruido el corazón es la mancha más oscura en este cuerpo las lágrimas purgan, no sana el humo que despido la belleza reside ahora en pequeñas flores rotas a partir de la nada comienzo a creer en la búsqueda a aprender que sólo el saber puede salvarnos no descanso, no abandono, no soy carne muerta atravieso las sombras con la levedad del rayo me elevo por encima del polvo sucio que mordemos y soy silencio y soy ruido y silencio y ruido y soy sueño también aquí alcanzo al fin el génesis, en cualquier parte y en todas me sumerjo y brillo en la bolsa de las aguas ya no hay marcas ni hay herida, todo está iluminado
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