Me apuntan cañones en la
distancia. Lucho por escapar. Escupen entonces fuegos de colores naturales.
Arreglo las goteras de mi casa. Trato de limpiar toda la chatarra espacial de
mi órbita. Solo un rastro de naufragio adherido a mi piel. Lucho porque quede
atrás el tiempo de los ojos deformantes.
Me mira y no dice nada. Me
observa y machaca todos los relojes. Me escucha y concluye que la risa tonta es
sagrada. Me dice que hago que la compañía sea nueva cada vez. Me mira y no dice
nada. Comenta que suele llegar siempre a tiempo. Me mira y se desvanece toda
huella de dolor. Me coge de la mano y la sangre hierve. Me abraza y amanecemos
fiebre.
Comentarios
Publicar un comentario