A través del retrovisor, no logro
encontrarme. Nuestra primera colisión parece demasiado alejada. No creo que sea
buena idea desenterrarnos. Celebrar y recalentar otra última cena de despedida.
A través del retrovisor, entreveo un granizado de asteriscos. Qué rápido
ardieron. Qué rápido se emborronaron aquellos juegos como el de los pasos de
cebra rodeados de cocodrilos. Qué rápido desalojé de mi casa aquellos
prometedores comienzos de curso, como fulminantes y metálicos relámpagos. Forcé
tanto el olvido, que recuerdo perfectamente el escondite. Fue la
única manera que entonces conocía de salir vivo. Matar las yemas de los dedos.
No pensar demasiado. Apartarme de las carreteras recorridas tatuadas con tu
nombre. Hacerme creer que aquello nunca llegó a ocurrir.
vibran las oraciones pero no abrigan las palabras la luz es frágil y tiembla, sólo la sangre arde violenta desde el cuello hasta el rostro derruido el corazón es la mancha más oscura en este cuerpo las lágrimas purgan, no sana el humo que despido la belleza reside ahora en pequeñas flores rotas a partir de la nada comienzo a creer en la búsqueda a aprender que sólo el saber puede salvarnos no descanso, no abandono, no soy carne muerta atravieso las sombras con la levedad del rayo me elevo por encima del polvo sucio que mordemos y soy silencio y soy ruido y silencio y ruido y soy sueño también aquí alcanzo al fin el génesis, en cualquier parte y en todas me sumerjo y brillo en la bolsa de las aguas ya no hay marcas ni hay herida, todo está iluminado
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